martes, 29 de septiembre de 2009

Encuentros casuales 3: La sombra, la memoria, la calle y Borges en la pared


Foto: El Teatro de los Sentidos



“...Yo quiero ser uno y soy la mitad,
la parte que falta me hace caminar...”
Enrique Vargas

(Se recomienda leer Encuentros casuales 1 y 2 antes de empezar este texto, si no va a sonar a pura locura sin sentido)

Yo estaba en esa biblioteca creada a partir de escenografía en una de las grandes naves industriales del Parque Fundidora. Yo seguía ahí, buscando entre libros aquel que describiera lo que me estaba pasando. Así, me encontré con esa libreta que narraba a lápiz lo que yo había vivido los dos días anteriores y el actual. Y en ese momento, el guardian de los libros apareció preguntándome si había encontrado mi libro.


Yo, en un afán de sagacidad presuntuosa, o tal vez presintiendo que aquella libreta debía permanecer en secreto; le dije que no, que había visto algunos libros que rozaban por fragmentos mi historia, pero ninguno que me identificara totalmente.


Él me tomó de la mano y me llevó hacia uno d elos libreros. Me dijo: Observa bien. Yo afilé la vista, pero no podía dejar de pensar que ese hombre estaba jugando a algo que me emocionaba pero que a la vez me ponía nerviosa. Extendió su mano derecha, sus dedos alargados y huesudos me señalaron un libro pequeño y delgado. Volvieron sus manos a moverse indicandome que lo tomara. Lo saqué de entre los otros libros y leí el título: El eco de la sombra.
Definitivamente no sonaba a un libro hecho para mí... en principio. Después, él abrió el libro y me leyó un párrafo de una de las hojas intermedias:


"El viajero se sintió de pronto sin la mitad de sí, la buscó con la mirada y se dio cuenta que escapaba por la ventana. Los dos eran uno pero ella quería seguir su camino propio. El viajero esuchó un ruido en la habitación próxima, decidió seguirla y atrevezó la puerta."


Acto seguido, el guardian hizo una reverencia para despedirme, tomó la tela que hacía de puerta hacia la otra habitación, y con su brazo largo y su mano estirada, me señaló el camino.
Yo respiré profundo y fui tras mi sombra. Así empezó el viaje.
No quiero relatar todos los detalles de esta experiencia, porque en primera me quedaría muy corta tratando de describir con palabras todas las sensiaciones ahi vividas. Todas las emociones removidas desde la planta de los pies hasta el estómago y la garganta. El miedo, la emoción, la incertidumbre, la ternura, la prisa, la curiosidad, la excitación, la sensualidad. Todo se acumuló paso a paso en mi cuerpo y en mi memoria; me dejó mucho, pero más que nada me ayudó a aclarar una parte de mi destino. El viaje duró en tiempo real como una hora y cuarto, pero en tiempo interno pasó desde mi infancia, a mi adolescencia y se fue hasta mi vejez, que aún no llega. Yo salí de ahí con la misma sensación que se tiene cuando se está enamorada.
En la última habitación estaban mis zapatos (porque el recorrido había que hacerlo descalza); los recogí mientras seguía intentando comprender lo que me acababa de pasar.


Salí de ahí, del recinto en donde acababa de convivir con el Teatro de los Sentidos, me dio el sol en la cara, tibio, como queriendo devolverme poco a poco al mundo real. LLamé por teléfono a mi madre, quería contarle fresquecita esa experiencia, sabía que a ella le hubiera encantado vivirla.
Mientras hablaba, un chico de apariencia europea me miraba fijamente. Me pareció conocido, pero no hice mucho caso. Cuando colgué el teléfono el chico se acercó y me pidió un cigarro. Noté que él se dio cuenta de mi reciente movilización interna. Me preguntó si acababa de salir de "El eco de la sombra", le dije que sí con toda la cara de idiota enamorada. Él sonrió, me dijo que era actor de la compañía, y que dos días antes ya me había visto en un restaurante del barrio antiguo, en la terraza donde tocaban jazz.


Aah!, por fin lo identifiqué. Comencé a preguntarle mil y un dudas que tenía acerca de todo el funcionamiento de la compañía. Lo hice a pesar de que corría el riesgo de borrar el misterio que se oculta tras de toda magia. Él me contestó lo que creyó prudente, y entonces yo me atreví a preguntarle sobre la libreta. Le conté lo que había leido ahi, le conté de la semejanza de ese diario con lo que yo había viviso los dos días anteriores, le dije que mi gente más cercana me llama bruja de cariño y de convencimiento desde que soy una niña. Él se quedó pensando, y me dijo ¿Cual libreta?, ¡Cómo que cual! ¡pues la que estaba en la bibliotecta, bajo la luz de la lámpara!
El volteó hacia los lados, me miró a los ojos, y me dijo que esa libreta no era parte de la obra, que no sabía de qué libreta le hablaba...


Al principio no le creí, supuse que era un secreto de ellos, pero al final supe que decía la verdad. Luego me dijo que seguramente esa libreta me estaba esperando, que estaba ahí para decirme algo, que yo tenía que encontrarla hoy y la encontré.
Luego me dijo que en el barrio cercano al recinto del Forum, había en una calle una casa con unas letras en la pared, con una frase que no se le olvidaría nunca. Me dijo: esa frase tambien es para tí. Yo seguí sin creerle mucho y me despedí amablemente. Luego me fui a cenar con mi compañera de viaje y le conté toda la historia, nos reímos.
Al otro día, ya con maletas y de camino al aeropuerto, pasamos por última vez por el Forum; había mucho tráfico y el taxi tuvo que irse por un atajo. Yo no pude creer lo que veían mis ojos cuando doblamos la esquina y ahí estaba, para desvanecer todo mi esceptisismo, Borges pintado en la pared:
"Todo encuentro casual es una cita"




domingo, 27 de septiembre de 2009

Encuentros casuales 2: Monterrey, el teatro y la liberta


Quería dejar pasar más tiempo entre la primera entrega de encuentros casuales y la segunda, pero no pude resistirme, las historias quieren salir cuando quieren salir y no hay que cerrarles el camino.

En el África mediterránea, es Anance la gran tejedora,
la que con sus hilos teje las pasiones, las vidas, las alegrías, los pueblos, las ciudades…
Al nacer cada uno recibe de Anance un hilo.
Cada hilo lleva a un destino diferente al de los otros.
Pero cada uno debe descubrir por si mismo porqué le tocó ese hilo y no otro.
Sólo aquel que lo descubra lo podrá vivir.
El que no, nunca sabrá qué busca.
"Teatro de los sentidos"


4.- Monterrey, 2007 Forum de las culturas. Fui con una compañera de trabajo a una serie de conferencias sobre ciudades y población. El plan era académico totalmente pero nos dimos la oportunidad de pasear por la ciudad, comer en algun restaurante interesante y de asistir a una obra de teatro. (Ya me di cuenta que el teatro me regala siempre cosas...)

Empiezo por la ciudad, las calles, los lugares, la gente, me sorprendieron de muy buena manera, yo tenía otra imagen muy diferente de Monterrey, y me encontré con una ciudad que está volteando hacia la cultura y que tiene mucha producción creativa. Un barrio antiguo con casas de adobe en donde seguramente se guardan historias muchos más interesantes que éstas.

La primera noche que estuvimos ahi fuimos a cenar a un lugar pequeño y acogedor en el barrio antiguo, tocaban jazz. En la parte de arriba había una terraza y nos fuimos a tomar una cerveza ahi mi compañera y yo. Al poco rato llegaron un grupo de chicos, se podía ver desde lejos que eran extranjeros y yo hasta le aposté a mi amiga que seguramente eran españoles. Uno de ellos me miraba insistentemente.

Continuamos los días siguientes asistiendo a las conferencias, y el penúltimo día de estancia se presentaba "El teatro de los sentidos", el nombre desde el primer momento atrapó nuestra atención, y fuimos a preguntar que de qué se trataba a la taquilla. Los chicos que estaban ahi nos dijeron que lo único que sabían era que habái que entrar ahi sin celular y sin nada que sonara, y que las personas no entraban juntas, sino de una por una... nuestra curiosidad aunmetó y por supuesto compramos la entrada. Había que apuntar una hora de entrada cuando uno compraba el boleto, cosa aún más rara pero más intrigante.

Me tocó a las 6.45. Nos reunían a todos los asistentes bajo una lona e iban llamándonos por nuestros nombres. Llegó mi momento y me llamaron, una chica me escoltó hacia la entrada de una gran nave industrial, en la que había un poco antes de llegar a la puerta, unas mesas con muchos libros. Me dijo la chica: aquí te dejo, espero que te guste la lectura.

Yo estaba totalmente desconcertada, hasta miedo tenía pero mucha emoción tambien. Me puse a revisar los libros y en un momento se abrió la puerta, y un hombre muy alto y muy delgado, casi Quijotesco me dijo con voz baja y áspera: hola, pasa por favor...

Entré con el corazón palpitando agitado, él me preguntó: ¿Cómo te llamas?, insisto, con voz como sacada del Quijote; yo le contesté mi nombre, que cabe decir que es poco común en México y en otros países. Luego él me preguntó que si me gustaba leer y yo contesté que sí, que me encantaba y comencé a sentir que había llegado al lugar correcto. Me dijo que si yo creía que en ese mismo instante alguien en algun lugar estaba escribiendo justo lo que estábamos viviendo en ese momento. Mi emoción no pudo ser mayor... ese pensamiento lo he tenido desde que era niña. Con una gran sonrisa le dije: Puedo apostarlo. El tambein sonrió. Me dijo que para cada individuo hay un libro especial y que el mío podía estar ahí . Todo ese espacio estaba a media luz, o más bien casi en penumbras. Estábamos en una pequeña biblioteca, llena de libreros viejos de madera, algunas escaleras y una pequeña mesa al fondo de la que salía la única luz que alumbraba el lugar. El me dijo que mi libro se encontraba ahi, que lo buscara, que siguiera mis instintos y lo encontraría. Hizo una pequeña reverencia y se fue.

Yo me quedé entre mis palpitaciones, mis intrigas y mi emoción... empecé a caminar despacio y observar los libros a mi alrededor, había mcuhos que llamaban la atención, pero no me decidía a tomar ninguno, no los sentía especialmente míos. De repente me dio curiosidad ir hacia la mesa, fui y la luz de la lámpara caía sobre una libreta abierta a la mitad, con lápiz estaba escrito lo siguiente: "Lista de nombres raros: *******" (los asteriscos representan cada una de las letras de mi nombre, porque aqui prefiero no decirlo). Ahí es´taba mi nombre, encabezando esa lista. Me pareció un truco muy ingenioso para llamar mi atención y mi sorpresa, pero supuse que el guardian de la biblioteca lo había escrito luego de hablar conmigo y retirarse.

Mi curiosidad continuo y empecé a hojear la libreta. Me fui hacia las primeras páginas y estaban escritas en forma de diario. Había textos de los tres días anteriores al que yo estaba viviendo. Los leí. El del martes decía: la brujita llegó a esa ciudad nueva, llegó emocionada y pensando que se encontraría con una ciudad muy moderna, pero se sorprendió, nada era como lo que se esperaba, a cada paso iba emocionándose con las calles, las casas, los lugares.

Me quedé helada... paralizada. Seguí leyendo. Miercoles: La brujita ya se sentía más tranquila, pero seguía aprendiendo más sobre ese tema que tanto le fascina, empezó a conocer gente y siguió sorprendiéndose con la ciudad. ¡No podía ser! hasta empecé a voltear hacia atrás de mí, parecía que me hubieran estado siguiendo... me dio miedo y emoción. Seguí hasta el jueves, que era el día que estaba viviendo: la brujita tiene un hallazgo sorprendente, no podrá creer lo que va a encontrarse, pero estará ahí esperándola.

Casi me desmayo. En ese momento una mano tocó mi hombro y me dijo:

¿Encontraste ya tu libro?


(Tengo que irme a dormir, esta historia continuará mañana. Mientras, siembro aquí la página del Teatro de los sentidos, y espero que quien me lee, tambien se lo encuentre en su camino algun día: http://www.teatrodelossentidos.com/eo/intro.php)

sábado, 26 de septiembre de 2009

Encuentros casuales 1: El elevador, el chat, el flamenco y el cuento



Borges dijo "Todo encuentro casual es una cita" y yo creo en ello a fuerza de comprobación.

¿Qué nos pone en un lugar preciso en un momento determinado?¿qué clase de fuerzas y energías reúnen a dos personas en el mismo segundo?¿cómo es posible que entre tantos millones de personas surja un reencuentro con alguien del pasado?


Me han pasado dos sorprendentes encuentros con personajes importantes de mi mundo amoroso, una historia de encuentros fortuitos con el hombre que probablemente he deseado más en la vida, y un encuentro tal vez conmigo misma en un cuaderno que vino de España. Ahora explico cada uno de estos:

(Adevertencia: el contenido de estas historias es meloso y cursi, es responsabilidad del lector el efecto que éstas causen en él)

1.- Era el año de 1999, yo estaba de visita en el DF para un congreso nacional de ciudades, trabajaba en una dependencia de gobierno y mis compañeros y yo participábamos como expositores, así que teníamos nuestros respectivos gafetes colgados al cuello para que nos identificaran. El día de la exposición, mis compañeros y yo subimos al elevador del hotel después de desayunar, yo iba aún algo dormida, cuando de repente una voz me despertó... me llamaban por mi nombre, así que volteé a ver quien me llamaba. Vi a un hombre un poco mayor que yo, cuya cara me sonaba bastante conocida. Señaló mi gafete y me dijo: sí, eres tú, dudaba que lo fueras pero ahi está tu nombre. Yo lo miré extrañada porque todavía no sabía quien era... hasta que él sonrió.

En una ciudad de más de 20 millones de personas, ¡me fui a encontrar en un elevador a mi primer amor! al chico a quien le hice decenas de poemas y canciones cursis en la prepa, allá en la Comarca Lagunera.


2.- Chat de internet, un canal bastante comercial de España, yo estaba en México y me gustaba conectarme a ese canal porque siempre me han atraído los españoles, así que estaba navegando por ahí buscando encontrarme con alguien interesante. Apareció un tipo llamado La Sombra. Desde el nombre me llamó la atención, sin embargo él fue quien me habló a mí. Yo obviamente no navegaba con mi nombre, tenía otro similar al que uso aqui. Empezamos a charlar y nos fuimos dando cuenta que teníamos muchas cosas en común. Incluso coqueteamos un rato, y poco a poco fueron surgiendo elementos de nuestra personalidad y detalles que daban más datos sobre nuestras vidas. Hasta que supimos que los dos vivíamos en la misma ciudad (en este país por supuesto). Nos entró la curiosidad y seguimos hablando, a cada palabra me parecía más conocido ese supuesto extraño, poco a poco los españoles fueron saliendo del chat, hasta que solo quedamos él y yo. De repente dijo una frase que solo la he escuchado del hombre que me ha engañado de la manera más neurótica "Siempre hay que hacer como si uno ya supiera qué va a pasar". Era él. Despues de 5 años de haber terminado, ¡me encontré con mi ex novio más maniático por internet!, en esa red por la que navegan cientos de millones de personas.


3.- Despues, mucho tiempo despues, me fui a vivir a Barcelona y un domingo de esos bastante ociosos, mi compañera de piso me sugirió ir a ver una obra de teatro en un barrio bastante alejado de donde vivíamos. El trayecto valió la pena, se trataba de una puesta en escena que combinaba los títeres con los actores de carne y hueso, y además versaba sobre el Flamenco. Había diálogos ingeniosos, cante y baile... pero lo mejor de todo: el protagonista y el manejador del títere principal era un bailarín de flamenco de ensueño, un hombre dueño de un cuerpo y un talento ("duende" como dicen los españoles) que yo nunca antes me había topado. Lo miré toda la función como hipnotizada. Al final de la obra los actores invitaron al público a subir al escenario, y ahí me puse a charlar con él. Resultó que él no sólo bailaba y manejaba los títeres de manera magistral, sino que tambien era quien armaba los títeres, quien había escrito la obra y, además era el director (después me enteré que él venía de una familia muy importante de artistas catalanes, su padre había escrito muchos libros y había sido promotor de la cultura de esa ciudad). Me miró profundamente mientras platicábamos, me preguntó mi nombre y algunas cosas más. Después nos despedimos, yo salí del teatro caminando como entre nubes y me miraba parado en la puerta del local.


Pasaron muchos meses, casi un año, y yo iba caminando hacia la estación de trenes que estaba cerca de mi casa en Barcelona, iba escuchando música y como de costumbre, iba distraida. Esperaba a que el semáforo cambiara a verde para cruzar caminando la calle, una silueta en bicicleta se puso al lado mío. Escuché mi nombre. Giré la cabeza y lo ví. Mis piernas se doblaron como si una polio sorpresiva me atacara, y empecé a tartamudear. Hablamos un rato y me pidió mi teléfono. No me llamó.


Pasó más de un año, yo trabajaba en un pueblo que quedaba más o menos a una hora de Barcelona y tenía que irme y regresar diariamente en tren. Así que aprovechaba para leer algun libro en el camino y mientras esperaba en el anden. Estaba muy concentrada sentada en una banca del anden, leyendo un texto que me tenía abstraída totalmente, cuando ví que mi libro se ensombrecía porque alguien estaba parado frente a mí. Levanté la cabeza. Era él. Nos subimos al tren y nos sentamos juntos, en el camino charlamos precisamente sobre la casualidad de habernos encontrado dos veces. Volvió a decir que me llamaría... no lo hizo.


Despues de unos dos meses, volví a encontrarme con él, en el centro de esa ciudad de más de millón y medio de habitantes. De ese encuentro casual ya surgieron encuentros planeados, que me dejaron el aprendizaje de algunos pasos de flamenco, uno de los momentos más eróiticos que he vivido, algo de valor y dignidad puestos a prueba, decepción y algunos dolores de cabeza... y por supuesto esta historia.


...He mentido... entre el segundo y este último encuentro casual que he descrito, hubo otro del que salí huyendo antes de que él me viera. De ahí surgió una pequeña nota, que me escribí a mí misma entre la desesperación y la amenaza de perder la magia despues de tanta casualidad:


"La tercera vez que nos encontramos por casualidad... pero ya no tuve ganas de mirar esos ojos azules, ni tuve ganas de entretenerme con tu conversación, ni tuve esos nervios que siempre me atacaban al estar cerca de ti, me fui.
Tuve miedo... miedo de que estos encuentros se transformen en banales, que dejen de ser casuales y se conviertan en comunes, que esta magia deje de ser destino y se convierta en la mayor explicación de que este mundo es un pequeño pañuelo donde finalmente todo el mundo se topa con todo el mundo."


Despues de regresar a México, ya con un año aqui, me encontré un libro de cuentos hispanoamericanos en la casa de mis padres. Como siempre hacía, me llevé ese libro a mi casa, tenía textos de algunos autores que no conocía pero parecía estar muy bueno. El último cuento era de un señor de apellido Carandell, era un cuento escrito en los años 70. Me fijé otra vez en el nombre de autor, luego leí su pequeño curriculum... me temblaron las manos al darme cuenta de que el cuento que acababa de leer, era del padre de él, que había muerto el año en el que yo lo conocí... el cuento se titulaba "Regalo inesperado".

jueves, 24 de septiembre de 2009

Preludio de escribir

Foto: Maga Mistral

Estoy aquí frente a la computadora tratando de escribir algo sobre un tema que me revolotea en la cabeza desde hace muchos años: El erotismo y la posición de las mujeres ante este tema fascinante... Pero la cosa es que, como siempre, cuando una quiere hablar de Los Grandes Temas, aparecen de la mano dos personajes que no dejan avanzar mucho "inseguridad y miedo". Miedo a la hoja en blanco, miedo a decir tonterías, miedo a encontrar voces internas desconocidas, miedo a quedar mal con los otros pero sobre todo con una misma...

Y es entonces cuando cualquier pretexto es bueno: Me duele la panza y no soy capáz de concentrarme. Ando molesta e incómoda porque tengo la regla.... tengo que seguir leyendo ese libro interesantísimo antes de escribir esto, porque seguro ahí viene algo más que me va a insipirar tremendamente... mejor me duermo primero un rato... tengo que llamarle a mi madre... ya para qué me hago pendeja y mejor me salgo a caminar un rato.

Pues así se "dora la píldora", se "marea a la perdiz", se "muerde el perro la cola" etc., etc., etc, cuando una quiere y no se anima a escribir algo que tiene rato que golpea adentro.

Pero bueno, todo esto hace que cuando llegue el momento; (así como cuando damos vueltas para presentar un proyecto que nos emociona, así como caminamos hacia el hombre que nos atrae y nos regresamos sin decirle nada, así como cuando en una junta queremos decir que no estamos de acuerdo y no lo hacemos una y otra vez; así como cuando pensamos y repensamos que deberíamos irnos pero no nos vamos), realmente surjan las palabras con la fuerza que esperamos, con toda esa energía que acumulamos jugando a guardarla, para que salga toda junta, cuando al fin decidamos estallar en nosotras mismas.

lunes, 21 de septiembre de 2009

La sensualidad de los materiales: Hellen Escobedo


La sensualidad está por todas partes. El roce, el placer, las historias, el idilio, la excitación, la sorpresa, el éxtasis, la pasión. La ciudad nos da todo eso y, en todo caso, nosotros podemos darle todo eso a la ciudad.

Eso piensa Hellen Escobedo, escultora y creativa, mujer entusiasta y simpática, que ve en las calles, los bosques y los parques los lienzos para expresar sus historias y pensamientos.

Una mujer para tomarse en cuenta. Les dejo una muy interesante entrevista con ella, donde nos cuenta de los materiales que utiliza y toda la magia que imprime en ellos. Disfrútenla:

martes, 15 de septiembre de 2009

¿Viva México?


Hoy me preguntó él: Y qué, ¿hoy no vas a colgar tu bandera?. El me conoció cuando los dos vivíamos en Barcelona, en ese entocnes, yo lejos de mi casa, sí extendía mi bandera de México en septiembre (y hasta en otros meses), y me gustaba celebrar el grito con los cuates y cantar rancheras, hacer mole, gorditas y arroz ranchero pa los amigos.

Pero bueno, las cosas cuando una está fuera del país se sienten distintas. Se extraña la proximidad, la música, los cuates, hasta la borrachera y el desmadre mexicano... pero, pensandolo bien, no siempre. Estando lejos tambien una se vuelve más crítica con su país, reconoce que hay muchas más asignaturas pendientes de las que creía... da coraje, vergüenza, desconcierto...

Pero bueno, la cosa es que me regresé. Y mi regreso tuvo que ver mucho con una cuestión patriótica que todavía no entiendo muy bien (a pesar de que surgió de mí).

Regresé a México para hacer algo... ¿algo? Regresé con la idea de que las cosas se podían cambiar. Regresé enfundada en mi capa de "mujer maravilla" al rescate de otras mujeres y de las ciudades.

Las cosas han sido un poco distintas. A veces me dan ganas de irme de nuevo. A veces la decpepción es grande, a veces me siento como tirgre en una jaula, dando vueltas sin sentido en un metro cuadrado.

A veces parece que nada de lo hecho tiene sentido. A veces pensaría que la gente me ve como loca por idealista, porque tengo más de treinta y pienso que el mundo puede cambiar, porque como mujer no me comporto como la mayoría de mis coterráneas, porque a veces muestro mi desacuerdo a algunas vacas sagradas que me he topado por ahi.

Pero otras veces las cosas brillan. Otras veces el caos es hermoso porque puede traducirse en mil formas de creación. A veces los proyectos con los amigos, las exposiciones, las clases, los alumnos, la radio, las compañeras, me hacen ver que el regresar ha sido una de las mejores decisiones que he tomado.

Hoy no quiero celebrar con cohetes, ni con tequila (que ni me gusta), ni con gritos. Hoy quiero reflexionar porqué sigo en este país, que como todo lo que se ama, contiene lo que más causa placer y lo que más nos hace daño en un mismo ser...



miércoles, 9 de septiembre de 2009

¡Ay qué bonito es volar!

A veces dan ganas de salir volando... dan ganas de enfundarse unas alas y volar de noche, salir por arriba de los techos, de los que tienen teja y de los que no. Agarrar velocidad e ir subiendo, desde el piso hasta estar por encima de los edificios, y luego subir más, hasta que llegue el vértigo y entonces subir otro poquito más, para despegarse de plano de todo.
Dice el son:
¡Ay qué bonito es volar!
a las dos de la mañana
a las dos de la mañana
ay qué bonito es volar ay mamá.

Subir y dejarse caer
en los brazos de una dama
en los brazos de una dama
ay qué bonito es volar ay mamá...

... Y después de volar tan alto, ya con la luna de fondo nada más, entonces ir hacia abajo otra vez, regresar a la tierra a toda velocidad... sentir el viento en la cara y abrir las alas, dejar que las mueva el aire y sentir el pelo en las mejillas que revolotea sabiendo que el vuelo está terminando.... Dejarse caer: en los brazos de un hombre hermoso, en un campo verde verde, en una cama acolchonadita, en un lago tibio, en un montón de algodones, y ya si no queda de otra... pues en el cuerpo de una misma.

Cántenme la bruja, queridas Eugenia y Lila:

martes, 8 de septiembre de 2009

¿Quien es la mejor amiga de una mujer?

Foto: Shirin Neshat


Hace como dos días una amiga mía trajo a la charla una frase que he oido continuamente, solo que me asustó oirla de labios de una amiga:

"El peor enemigo de una mujer es otra mujer"


La trajo a colación porque yo le contaba a ella una situación que tenía yo en el trabajo con una amiga mía. Ella, la amiga que dijo la frase, me dijo que un ex novio de ella le había mencionado esta frase, afirmando que entre mujeres nunca nos ayudamos, siempre nos ponemos trabas y siempre hay competencia. Esto es cierto o no depende desde donde se mire. Sí que es verdad que entre mujeres ha existido siempre una competencia, sobre todo por los hombres y hoy en día por los trabajos, pero eso tiene una explicación muy sencilla y además, tiene solución:


En primer lugar, está la cuestión de quien maneja este tipo de sentencias, porque son sentencias, como si no existiera otra manera de ser más que así. Quien dice estas frases conciente o inconcientemente tiene la intención de que las mujeres verdaderamente no nos llevemos bien. Eso conviene de cierta forma a quien busca el control, a quien busca que no se generen cambios en la sociedad, y menos en favor de las mujeres. Lo dice Foucault en su ensayo sobre el poder: a quien busca conseguir el poder y el control, le es favorable no ser visto, estar en el anonimato (qué mejor anonimato que los mitos sociales); pero más que eso, le es conveniente que esos a los que quiere controlar no se comuniquen entre sí, no se pongan de acuerdo, no se relacionen, ni siquiera se vean. Que no piensen en colectivo.

Hay quienes dirán: AAAAAAAH! pero son las mismas mujeres las que promueven este tipo de "propaganda" en su contra. Puede ser (aunque no somos todas), pero hay veces en las que, a fuerza de repetir una mentira, poco a poco se va convirtiendo en verdad.
Pero... ¿qué pasaría si las mujeres que creen que es imposible llevarse bien con otra, pusieran en duda esta sentencia? ¿qué pasaría si no solamente lo ponen en tela de juicio las mujeres, sino tambien los hombres? y si a pesar de todo sigue pasando...¿qué pasaría si empezamos por transformarnos interiormente y dejamos de ser las portadoras de estos comportamientos?...

La otra parte de la idea la dice Marcela Lagarde, una feminista latinoamericana con ideas muy claras; ella señala que la competencia entre mujeres se da porque existen muy pocas oportunidades para nosotras, así que si aparece una, todas nos movemos desesperadas para conseguirla, y obviamente competimos para quedarnos con el puesto (ya sea amor, ya sea trabajo, o escuela).


Yo lo comparo con el juego de las sillas, ese juego que nos divertía tanto de chiquitas. Hay muchas sillas ocupadas en el mundo, solo una está desocupada, y así como en el juego, pues se "arman los madrazos por esa silla". La respuesta es muy simple, lo dice Marcela Lagarde y yo lo completo con mi reflexión personal: Hay que apoyarnos mutuamente, hay que ayudar a la otra a que alcance su silla, su oportunidad; hay que trabajar en equipo y poco a poco iremos consiguiendo oportunidades para todas. Esto no es fácil de hacer, pero sí se puede... lo único, y lo más cabrón, es dejar el ego a un lado. Reconocer cuando es momento para la otra y cuando es momento para una misma; apoyarnos, y sobre todo, hablar. Si hablamos resolveremos los conflictos, si no nos quedamos con prejuicios arcaicos en la mente y enfrentamos las cosas como seres humanos adultos, seguro que podremos solucionarlos, o por lo menos, iremos aprendiendo cómo hacerlo...
(Me permito un homenaje personal a quienes me han hecho ver que podemos contar unas con otras: Soco, Luisa, Blanca, Jasibe, Yey, Nadja, Lety, Devaki, Yadira, Estela, Graciela, Laura, Sonia, Ana, Reyna, Miriam, Chaly, Yonnia, Marisol, Roxana, Paloma, Heidi, Jenny, Ingrid, Vicky, Isabel, Sole, Trini, Claudina... y cada una de las mujeres que me han ayudado y me han hecho pensar de esta forma).

sábado, 5 de septiembre de 2009

Belleza masculina

Hace mucho que me pregunto porqué en el arte, en la televisión, en el cine, e incluso en las conversaciones con amigas y amigos la belleza masculina se toca tan poco como tema, como motivo, como obsesión. Hay un abismo de diferencia cuando una se pone a pensar en el tema de lo bello, siempre los referentes son mujeres, en la literatura, en la pintura, en la fotografía; incluso no saben cuánto me costó buscar estas fotos que les comparto, casi siempre en las búsquedas de lo bello, aparecen mujeres. Y cuando hablo de belleza masculina no me refiero a los modelos, a los metro sexuales (aunque realmente me gusta que los hombres cuiden su aspecto); sino a la belleza cotidiana de algunos hombres de a pie (algunos hombres, no mentiré diciendo que todos los hombres son hermosos; como muchos hombres quieren hacer creer a las mujeres "todas las mujeres son bellas...").
Sin embargo, sí que hay muchos regalos del cielo día a día que se aparecen por ahi en las calles, en las películas, en los bares, a través de las ventanas del autobus.
Aquí les muestro un rompecabezas de los aspectos físicos que yo encuentro hermosos en los hombres (nótese que el pene no está presente, en la apreciación de la belleza, ese "miembro" no está en los primeros lugares); pero aclaro que estos aspectos físicos no brillan igual si no van ligados a una mente interesante, una actitud sensible y una perspectiva de libertad.
Les dejo este regalito que busqué por las páginas del Flickr que son fotos de varios autores, hombres y mujeres, que han logrado captar esa belleza de la que les hablo. Las fotos son de ellos y las frases son mías.
Tengo el plan de hacer yo misma esta serie con fotos tomadas por mí, así que si se quieren apuntar como modelos, avísenme.


"boca de saber besar...y otras cosas"
Foto: Memo Vázquez


"desde aqui mis dedos tiemblan de ansiedad por deslizarte entero"
Foto: Miguel Pardo

"Esa línea de la cintura a la ingle es la travesía de unos dedos, de una lágrima, de una lengua, de un sueño entero"

Foto: Marco Gomes (así está escrito por el autor su nombre)

"Esa manera inconciente de sentarte, de pensar en lo tuyo, de estar con el suelo a piernas y memorias cruzadas..."
Foto: Maga Mistral


"las dos más grandes bellezas de este mundo, un hombre creando y la ciudad como testigo"

Foto: Maga Mistral

"Sutil gesto de pensar con tus piernas"


Foto: Click s


"Cristalino el efecto de tu sonrisa"
Foto: Memo Vazquez




Aquí no sé qué decir porque esta foto no me deja pensar...

Foto: yupiyaya01

"Pies de haber andado caminos e imaginaciones"

Foto: Maxmante

"Con esa mirada... ¿quien soy yo para decirte que no?"

Foto: seraverdad2000

jueves, 3 de septiembre de 2009

Medianeras

Si de historias urbanas se trata, este mediometraje de Gustavo Taretto es de lo más representativo. Tiene una introducción que bien puede ser un ensayo que describe la ciudad contemporánea; pero más que eso, tiene todo el sabor y la médula de la naturaleza humana viviendo y sobreviviendo en una gran ciudad. ¡Totalmente recomendable!


Con la normativa por delante


Nuestras ciudades están creciendo con vida propia, responden a fenómenos que aún no acabamos de entender. Las ciudades no son unicamente sus casas y edificios, o sus calles y plazas. Son individuos, son grupos sociales, son pensamientos y son historias.
¿Cómo entonces pensar que a las personas, los grupos sociales, los pensamientos y las historias puede aplicárseles una normativa?

Me contestarán tal vez que precisamente la Ley es eso: señalar un modelo de comportamiento para la buena convivencia y el bien común.... Pero ¿se entiende eso del bien común?

Y además, ¿qué hacemos con las historias?, qué hacemos con las imaginaciones mientras caminamos por las calles, qué hacemos si se nos ocurre alguna forma no aplicada aún de vivir la ciudad o de transformarla... casi siempre la respuesta es: No se puede.

Casi siempre la respuesta es que estas preguntas que planteo, orillan a un desorden, a que cada quien piense, haga, se comporte, pasee y viva la ciudad como quiera... ¿y no es eso lo que pasa actualmente en las ciudades?

Las normas, las leyes, muchas veces no están respaldadas por el entendimiento social, es más, muchísmimas veces los ciudadanos ni las conocemos; y eso no es culpa de quien hace las leyes unicamente, si no de nosotros que no nos interesamos por conocerlas.

A quien decide sobre la ciudad y a quien enseña la manera de construirla, en México, se le inclulca a seguir la normativa antes que nada. A seguirla, pero no a cuestionarla. Se sigue como mandato divino, se sigue y se acepta como un diluvio, como un mal padre, como la crisis; pero rara vez se le cuestiona y se analiza su trasfondo.

¿Y si alguna vez pensáramos que antes de la normativa están las historias? que antes de la normativa estan los deseos del ciudadano de a pie, y sus miedos. Que antes de la normativa existen mil y un maneras de mirar este mundo; que no lo miramos igual hombres y mujeres, niños y adultos...

Lo que digo no es nuevo, ya lo han dicho muchos otros buscando la utopía... pero no está de más seguir insistiendo. Hagamos un experimento y aunque sea por un momento, mandemos los sueños por delante....