domingo, 11 de octubre de 2009

¡Átenme al mástil!




Así como Ulises pidió a su tripulación que lo ataran al mástil del barco para no sucumbir al canto de las sirenas; yo (que soy como Ulises en un mundo en que a las mujeres se nos asiga el papel de Penélope, aunque nuestra vocaciòn sea la de la aventura); invoco a mis amigas, amigos, lectores, duendes, cibernautas, libros, casualidades, proyectos, hombres hermosos, aventuras e imaginaciones, para que no me dejen bajar del mástil. Que me mantengan atada mientras pasa este momento de decisión. Es absolutamente seductora la idea de la tragedia, de la depresión, o la de recurrir de nuevo al estado anterior... todo por no enfrentar el dolor y la soledad que finalmente hacen crecer.

A todos esos entes que he invocado, les ruego que en estos meses no me abandonen. Les pido su continua presencia, su constante encuentro, el regalo de su risa y de su sana compañía.

Dejen que disfrute de su amor y me llene de él por el tiempo que sea necesario, antes de estar preparada para recibir a ese otro amor...